Cada vez me encuentro con más radioaficionados que sienten que su papel es fundamental, casi como si fueran los únicos capaces de mantener las comunicaciones en caso de una emergencia. Sin embargo, muchas veces no se dan cuenta de lo que realmente implica esa responsabilidad. Basta con imaginar lo que ocurriría el día de un desastre real… ese momento en el cual las siguientes cosas se colapsen:
En Estado Unidos:
- El sistema troncal P25.
- el sitio “primario” que los organismos fueron entrenados para utilizar (en modo troncal) en caso de que falle la red.
- El sistema de repetidores de respaldo convensional en P25, que se tiene en caso de que fallen la red y el sitio “primario”.
- La antigua red en VHF que se mantiene “por si acaso”.
- Los equipos en HF, VHF y UHF del ejercito y la marina.
- Las redes de telefonía celular.
- La red First-Net.
- Iridium (telefonía satelital).
- La banda civil ciudadana.
Para México:
- El sistema troncal Matra.
- La nueva red troncal P25 que está siendo adoptada por el gobierno.
- Los equipos en HF, VHF y UHF del ejercito y la marina.
- La red troncal en P25 del ejercito y la marina.
- Las redes en VHF y UHF de distintas dependencias como Protección Civil, delegaciones, municipios y estados.
- Las redes de telefonía celular.
- Iridium (telefonía satelital).
- La banda civil ciudadana.
Y no olvidemos, el suministro eléctrico de la ciudad entera.
Creo que es importante ser realistas respecto a lo que puede aportar un radioaficionado durante una emergencia de gran magnitud.
Ante un desastre, difícilmente podemos esperar que los radioaficionados se presenten de inmediato en el sitio afectado. La mayoría estará primero atendiendo su propia situación: protegiendo a su familia, su casa y su patrimonio, y tratando de mitigar los efectos del desastre. Solo después de asegurarse de que todo está en orden, muchos intentarán ponerse en el aire para obtener información y conocer la situación.
Posteriormente, algunos podrían desplazarse hacia los lugares más afectados, donde probablemente ya estén presentes medios de comunicación, Ejército, Marina y otras instituciones. Sin embargo, llegar con un radio portátil no necesariamente significa tener una capacidad real de comunicaciones de emergencia. Si no existe coordinación previa, un plan de trabajo, baterías de respaldo, fuentes de energía adecuadas y personal capacitado para operar bajo esas condiciones, la presencia de más radios puede incluso aportar muy poco.
También hay que considerar con qué infraestructura se estaría compitiendo. Si en el sitio ya se encuentran las televisoras, el Ejército o la Marina, sus sistemas de comunicaciones suelen estar diseñados específicamente para trabajar en situaciones de emergencia. Por ejemplo, las unidades móviles de televisión para enlaces satelitales pueden disponer de sistemas de uplink de alta potencia, redundancia, generadores propios y capacidad para manejar simultáneamente voz, video y datos. Frente a ese tipo de infraestructura, no deberíamos asumir que un radio portátil económico tendrá mejores prestaciones simplemente por ser independiente de las redes convencionales.
Por otro lado, si las autoridades realmente necesitaran el apoyo de radioaficionados para establecer comunicaciones, sería razonable que recurrieran a las organizaciones y personas con las que ya tienen algún tipo de coordinación. En una emergencia, probablemente sería mucho más útil colaborar en la recuperación o extensión de los sistemas de comunicación existentes que establecer cadenas improvisadas de mensajes entre radioaficionados.
Por ejemplo, si tenemos en cuenta la cantidad de radioaficionados que existen en México y el tipo de equipo que muchos utilizan, hay que reconocer algunas limitaciones. Una parte importante utiliza únicamente equipos portátiles VHF/UHF económicos; no todos cuentan con equipos HF, sistemas de alimentación eléctrica de respaldo, antenas adecuadas o incluso experiencia suficiente para configurar y operar sus propios equipos en condiciones difíciles. No es una crítica personal: simplemente es una realidad que debemos considerar al diseñar un sistema de comunicaciones para emergencias.
Si realmente queremos estar preparados para ayudar, creo que deberíamos pensar más allá de tener un radio portátil en la mochila.
Sería mucho más útil invertir en equipos comerciales adecuados, repetidores diseñados para operación profesional y sistemas de respaldo de energía confiables. También sería conveniente contar con un verdadero kit de despliegue: baterías, fuentes de energía, iluminación, herramientas, documentación, papel, pluma, impermeable y todo aquello necesario para permanecer operativo durante horas o días.
Pero, sobre todo, hace falta organización.
Los radioaficionados de una localidad deberían tener un plan de trabajo previamente establecido, conocer sus responsabilidades, capacitarse en procedimientos de comunicaciones de emergencia y saber quién toma decisiones y cómo se distribuye la información. También sería importante establecer una relación real con las autoridades y realizar simulacros periódicos.
Un simulacro que únicamente consiste en realizar un comunicado de prueba durante unas horas, en un horario conveniente para todos y que se cancela ante condiciones meteorológicas adversas, difícilmente representa las condiciones reales de una emergencia. Los desastres no tienen horario y tampoco se suspenden porque esté lloviendo.
En determinadas circunstancias, poder restablecer la infraestructura de comunicaciones de los servicios de emergencia, proporcionar energía a sus equipos o desplegar temporalmente un repetidor profesional compatible con sus sistemas y procedimientos podría ser mucho más valioso que un grupo de personas llegando por iniciativa propia con radios portátiles, sin coordinación y buscando posteriormente dónde recargar sus baterías.
La diferencia fundamental está en el alcance de la ayuda: el objetivo no debería ser simplemente conseguir comunicación entre nosotros o demostrar que nuestros radios funcionan. El objetivo debería ser proporcionar una herramienta útil para que cientos de personas capacitadas —rescatistas, autoridades y personal de emergencia— puedan comunicarse de manera coordinada y confiable.
La radioafición puede aportar mucho en una emergencia, pero para que esa aportación sea realmente útil necesita preparación, infraestructura, capacitación, coordinación y un plan. Tener un radio y estar dispuesto a ayudar es un buen comienzo; no debería confundirse con estar preparado para operar una red de comunicaciones de emergencia.
Piénsalo…